Reseña: tres balas en la pampa

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Tres balas en la pampa, escrita por Hugo Riquelme, Daniel Leal y Michael Rivera, es una novela histórica al más puro estilo de una película western protagonizada por Clint Eastwood, la única diferencia es que, en vez de situarnos en el Viejo Oeste estadounidense, nos encontramos en el desierto del Norte Grande chileno.

Para entrar un poco en contexto, la trama transcurre en el desierto de Atacama, poco después del término de la Guerra Civil de 1891, por aquel entonces la industria salitrera constituía gran parte de las exportaciones del país y, por lo tanto, de su economía. Diversos poblados fueron formados alrededor de la pampa salitrera y en los puertos vecinos, por las mismas compañías, donde sus trabajadores vivían, tenían sus familias, se divertían y por supuesto donde gastaban las escasas “fichas” que ganaban con su trabajo (suerte de moneda de cambio que solo podían ser utilizadas en el pueblo perteneciente a la compañía salitrera).

Además de pueblos y carreteras se desarrolló la instalación de una extensa red de ferrocarriles para el transporte de los minerales extraídos y es en sus vías donde esta historia comienza ¿Qué mejor forma de empezar que con un asalto al tren?

“Juan el Huraño cubrió su cara con un pañuelo sucio y tomó su rifle, mientras que con la otra mano asía fuertemente las riendas de su caballo. Lo siguieron la Rubia y el Flaco, quienes también se aprestaron para el asalto. El suelo tembló, envuelto en un sonido mudo, intraterrestre: un murmullo que poco a poco iba ganando en volumen. Los tres miraron hacia el horizonte y vieron aparecer, entre espejismo, la imponente máquina. Era el tren de Huanchaca.” Página 8

Una banda de cuatro forajidos planea hacerse con el sabroso botín de un tren con dirección a Huanchaca. Juan el Huraño se enteró que la desprotegida mole de hierro transportaría algo más que mineral de plata, una oportunidad que ni él ni sus compañeros dejarían pasar. Así que, mientras el Indio Coaquina detenía el tren y se encargaba del maquinista, la Rubia y el Flaco aprovecharían la distracción para salir de su escondite y llevar a cabo su cometido.

Sin embargo, algo no salió como lo planeaban. No se suponía que el tren llevase pasajeros. Hombres armados con fusiles y rifles empezaron a dispararles para evitar el asalto y entre medio de la lluvia de balas el Flaco cayó abatido. Sus compañeros tuvieron que emprender retirada para no terminar como él o peor aún, víctimas de la fría noche pampina. Lo único que había quedado claro es que alguien los había vendido. La Rubia y el Indio Coaquina tomaron caminos separados, y de Juan el Huraño no se supo nada más.

“De un tiempo a esta parte, la pampa se había convertido en una tierra sin más ley que la del plomo” Página 13

Pero no importa cuán basto e inclemente sea el desierto, tarde o temprano sus caminos se volverían a encontrar en la oficina salitrera Santa Fe en manos del despiadado jefe de faena, el “Perro” Tobías. Tres narraciones nos conducirán por las diferentes vivencias de los protagonistas hasta finalmente volverse una sola en los capítulos finales.

Otzea. Empezamos con toda la acción que un western salitrero se merece y luego continuamos de la mano de cada protagonista, envolviéndonos poco a poco en un mundo con un trasfondo social intenso y que a pesar de haberlo leído en los libros de historia (por mi parte cuando estudié para la PSU) uno realmente no llega a dimensionar realmente la miseria de esa época.

“—La infancia es un concepto relativo en estas tierras, señor Yant’aña. Acá la niñez termina cuando a la familia le empieza a dar más hambre, nomás —contestó doña Auristela— (…) comenzaba a entender que estaba en un lugar donde las leyes no llegaban, donde la justicia era comprada y el salitre devoraba la humanidad de las personas.” Página 190

Aventura y balas a por montón. Con una trama fresca y aunque sea una temática ya vista, al estar adaptada a una escenario que se nos hace más cercano eso ya le da su toque único. Personajes muy bien desarrollados, destacando una mujer fuerte de y armas a tomar, malos bien malosos y buenos en tonos grises que si no están en busca de redención, ella los encontrará. Y así, como para agregarle la guinda a la torta, la cereza al pastel… Cada comienzo de capítulo tiene una ilustración por parte de Juan Manuel Almirón, quien también hizo la portada. No sé que más podríamos pedir, algo así como ¿un universo extendido? Porque si, señores y señoras, los autores han sacado unos relatos breves en Wattpad para quién se quedo con ese sabor de gusto a poco en la boca (El durmiente, Tronaduras y El enterrador).

Yo creo que a esta altura ya quedo claro lo mucho que me gustó y lo recomiendo, uno de mis géneros favoritos y un libro que sin duda alguna volvería a releer.

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