Hogar dulce hogar

Gritos, truenos y disparos. Estaban cerca.

La casa crujía azotada por la tempestad mientras, postrada en su cama la anciana asumió que los saqueadores embestirían una última vez el pueblo, solo por placer. No quedaba nada más que robar.

Ya estaban aquí, la puerta de entrada cayó. El caos se desató antes de que llegaran a su habitación. Silencio. Apuntó temblorosa una pesada escopeta del siglo XIX. No se iría sin luchar.

Cruzaron miradas. Piel escamosa cubierta de lapas, ojos saltones, deforme. Reconoció de inmediato al último retoño de una aberrante unión. Bajó el arma, la criatura siguió su camino.

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